EDICION 87

 

MAYO 2008


El Transporte Urbano Porteño

Por Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán

Carretas y tranvías
Desde el origen del servicio, las novedades del transporte urbano en Mazatlán han estado ligadas a la atención de los viajeros que recibe el puerto. Así como hoy se justifica la introducción de los nuevos camiones para las rutas urbanas en áreas turísticas; el carruaje de cuatro asientos con el que se inició la historia de la transportación de pasajeros por las calles de nuestra ciudad, a mediados del siglos XIX, se usaba principalmente para trasladar a los pasajeros y tripulantes de los barcos que fondeaban en la playa sur, según asentó don Luis M. Servo en sus Apuntes Estadísticos del puerto de Mazatlán del año de 1854. Más que para salvar grandes distancias, el servicio se introdujo con el objetivo de auxiliar -mediante cuota módica- a los viajeros con equipajes de grandes dimensiones y excesivo peso. La extensión del casco citadino entonces no hacía indispensable la existencia de un transporte colectivo para mover a los porteños de un extremo a otro de la localidad por sus pedregosas y, a veces, intrincadas, calles.


En la medida en que la actividad portuaria fue cobrando mayor auge, el movimiento de pasaje y carga no sólo rumbo al muelle, sino por toda la ciudad, hizo necesaria la introducción de un mayor número de vehículos de transporte público y se instituyó un bien organizado núcleo de carruajes de sitio. El modelo de los vehículos cambió, con el paso del tiempo; pero, bajo la misma denominación llegaron a constituir uno de los símbolos del Mazatlán tradicional: las típicas arañas. Cuya sola mención produce ataques de nostalgia en más de alguno.

Sin embargo, en materia de transporte urbano porteño, no todo eran arañas en la antigüedad. A fines del siglo XIX ya había una ruta de tranvías tirados por mulas, cuyo itinerario iba del Muelle, frente a la aduana, al Astillero pasando por la Plazuela Machado.. Aunque la ciudad ya había crecido y el servicio de transporte cumplía ya otras funciones, el trazo de la ruta confirma el sentido "turístico" del servicio. Aunque el recorrido se extendía formalmente hasta el panteón, recientemente puesto en operación entonces.

Otra innovación de este orden y con la misma vocación fue el tren de vapor que Arturo de Cima introdujo al inaugurarse el servicio ferroviario en 1909. Su finalidad principal era trasladar a los pasajeros y trabajadores ferroviarios de la ciudad a la Estación, ubicada entonces por los rumbos del Parque Bonfil, y viceversa. La máquina de vapor arrastrando cuatro vagones salía de su estación en la esquina de las calles del Recreo (Constitución) y Casamata (Francisco Serrano), tomaba por ésta última hasta dar vuelta en la calle Nueva (Melchor Ocampo), hacia un alto junto a un guamúchil frente a la Cervecería del Pacifico, continuaba por la calzada 18 de Abril (Gabriel Leyva), paraba frente a la Estación y seguía luego hasta el panteón número 3, de donde retornaba por el mismo camino. Los adultos pagaban cinco centavos en el trenecito, por los menores de diez años cobraban dos pesos. Este tranvía dejó de funcionar a partir del prolongado sitio y asedio que mantuvieron las fuerzas revolucionarias sobre el puerto en 1913, según contaba don Carlos Chale Salazar.

El clima y el transporte

También, desde siempre, el clima ha determinado que resulten más atractivos para el servicio los vehículos donde se viaja casi a la intemperie; aunque, últimamente, empieza a prevalecer la tendencia a incorporar autobuses con clima artificial. Las arañas y los tranvías cumplían aquel principio cabalmente. Pero, también lo hicieron las camionetas marca Ford acondicionadas con asientos en la caja, para efectos de transporte de pasajeros (como las aurigas hoy día), mediante las que el automovilismo se volvió de uso colectivo. Les llamaban camiones tropicales. Corrían del mercado a la estación del FFCC y ocasionalmente, hasta Urías o el panteón numero 3. Tenían su terminal y gasolinera por la 21 de Marzo, entre la 5 de Mayo y la Guillermo Nelson.

Las arañas, que habían sobrevivido a los tranvías y resistían el embate de los camiones, enfrentaron, enseguida, a la competencia de los autos de sitio. Para defender su tradicional oficio, los cocheros se organizaron, fundando en 1936 el sindicato de aurigas. Los camioneros y los taxistas constituyeron también un organismo gremial. La unidad sindical de estos dos grupos se mantuvo hasta 1942; la separación dio pauta para el nacimiento del Sindicato del Volante, por un lado, y el de camioneros por otro.

En 1956 se desintegró el Sindicato de Camioneros. En su lugar se creó la Alianza de Transportadores Urbanos y Suburbanos. La Alianza, de inmediato se hizo cargo de las rutas existentes. Fue entonces cuando se empezaron a sustituir a los "tropicales" con autobuses. Por primera vez, el transporte colectivo mazatleco se hizo en vehículos cerrados. A pesar de que introdujeran periódicamente nuevos modelos, los camiones eran de color gris y, por regla, las ventanas casi nunca se podían cerrar. El mismo tono se conservó hasta los años setenta. La policromía de las unidades del servicio urbano se generó cuando aparecieron los minibuses, rojiblancos y crema con rojo, que suplieron a los taxis colectivos de breve existencia, de los que por años conservaron la denominación de "peseros", aunque el monto de la tarifa fuera superior a un peso.

En el último cuarto del siglo XX las tradicionales "arañas" sucumbieron ante el empuje de las pulmonías. Sus aurigas se motorizaron. Desde entonces dan servicio en camionetas rojas, acondicionadas, como queda dicho, en forma más o menos similar a las que años atrás de conocieron como "tropicales".

En 1993 estrenamos el primer servicio de camiones con aire acondicionado. No nos duró mucho el gusto, a la vuelta de unos años perdieron el clima artificial. Lo que si conservaron fue el apelativo con el cual todavía se les reconoce, "los Colosios", producto de aquellos anuncios posteriores que invitaban a votar por el candidato presidencial del PRI, asesinado en Tijuana.

Luego, en 2001 aparecieron unos camiones verdes para cubrir las llamadas rutas turísticas. Todos con clima artificial y, en un acto de lesa naturaleza, con amplios ventanales de cristal herméticamente sellados. De entonces a la fecha, muchos de estos mismos vehículos han devenido en "publimóviles"; pues revestidos totalmente con diseños propagandísticos dan a ganar una lana extra a sus dueños.

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Araña en Olas Altas

 

 

Sitio de Arañas y Taxis frente al Hotel Belmar

 

 


Sitio de carruajes frente a la Plazuela Machado

 

 

Tranvía de mulas

 

 

Tropicales en el Mercado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
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