MAYO 2008

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El Transporte Urbano Porteño
Por Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán
Carretas y tranvías
Desde el origen del servicio, las novedades del transporte urbano en Mazatlán
han estado ligadas a la atención de los viajeros que recibe el
puerto. Así como hoy se justifica la introducción de los
nuevos camiones para las rutas urbanas en áreas turísticas;
el carruaje de cuatro asientos con el que se inició la historia
de la transportación de pasajeros por las calles de nuestra ciudad,
a mediados del siglos XIX, se usaba principalmente para trasladar a los
pasajeros y tripulantes de los barcos que fondeaban en la playa sur, según
asentó don Luis M. Servo en sus Apuntes Estadísticos del
puerto de Mazatlán del año de 1854. Más que para
salvar grandes distancias, el servicio se introdujo con el objetivo de
auxiliar -mediante cuota módica- a los viajeros con equipajes de
grandes dimensiones y excesivo peso. La extensión del casco citadino
entonces no hacía indispensable la existencia de un transporte
colectivo para mover a los porteños de un extremo a otro de la
localidad por sus pedregosas y, a veces, intrincadas, calles.
En la medida en que la actividad portuaria fue cobrando mayor auge, el
movimiento de pasaje y carga no sólo rumbo al muelle, sino por
toda la ciudad, hizo necesaria la introducción de un mayor número
de vehículos de transporte público y se instituyó
un bien organizado núcleo de carruajes de sitio. El modelo de los
vehículos cambió, con el paso del tiempo; pero, bajo la
misma denominación llegaron a constituir uno de los símbolos
del Mazatlán tradicional: las típicas arañas. Cuya
sola mención produce ataques de nostalgia en más de alguno.
Sin embargo, en materia de transporte urbano porteño,
no todo eran arañas en la antigüedad. A fines del siglo XIX
ya había una ruta de tranvías tirados por mulas, cuyo itinerario
iba del Muelle, frente a la aduana, al Astillero pasando por la Plazuela
Machado.. Aunque la ciudad ya había crecido y el servicio de transporte
cumplía ya otras funciones, el trazo de la ruta confirma el sentido
"turístico" del servicio. Aunque el recorrido se extendía
formalmente hasta el panteón, recientemente puesto en operación
entonces.
Otra innovación de este orden y con la misma
vocación fue el tren de vapor que Arturo de Cima introdujo al inaugurarse
el servicio ferroviario en 1909. Su finalidad principal era trasladar
a los pasajeros y trabajadores ferroviarios de la ciudad a la Estación,
ubicada entonces por los rumbos del Parque Bonfil, y viceversa. La máquina
de vapor arrastrando cuatro vagones salía de su estación
en la esquina de las calles del Recreo (Constitución) y Casamata
(Francisco Serrano), tomaba por ésta última hasta dar vuelta
en la calle Nueva (Melchor Ocampo), hacia un alto junto a un guamúchil
frente a la Cervecería del Pacifico, continuaba por la calzada
18 de Abril (Gabriel Leyva), paraba frente a la Estación y seguía
luego hasta el panteón número 3, de donde retornaba por
el mismo camino. Los adultos pagaban cinco centavos en el trenecito, por
los menores de diez años cobraban dos pesos. Este tranvía
dejó de funcionar a partir del prolongado sitio y asedio que mantuvieron
las fuerzas revolucionarias sobre el puerto en 1913, según contaba
don Carlos Chale Salazar.
El clima y el transporte
También, desde siempre, el clima ha determinado
que resulten más atractivos para el servicio los vehículos
donde se viaja casi a la intemperie; aunque, últimamente, empieza
a prevalecer la tendencia a incorporar autobuses con clima artificial.
Las arañas y los tranvías cumplían aquel principio
cabalmente. Pero, también lo hicieron las camionetas marca Ford
acondicionadas con asientos en la caja, para efectos de transporte de
pasajeros (como las aurigas hoy día), mediante las que el automovilismo
se volvió de uso colectivo. Les llamaban camiones tropicales. Corrían
del mercado a la estación del FFCC y ocasionalmente, hasta Urías
o el panteón numero 3. Tenían su terminal y gasolinera por
la 21 de Marzo, entre la 5 de Mayo y la Guillermo Nelson.
Las arañas, que habían sobrevivido a los
tranvías y resistían el embate de los camiones, enfrentaron,
enseguida, a la competencia de los autos de sitio. Para defender su tradicional
oficio, los cocheros se organizaron, fundando en 1936 el sindicato de
aurigas. Los camioneros y los taxistas constituyeron también un
organismo gremial. La unidad sindical de estos dos grupos se mantuvo hasta
1942; la separación dio pauta para el nacimiento del Sindicato
del Volante, por un lado, y el de camioneros por otro.
En 1956 se desintegró el Sindicato de Camioneros.
En su lugar se creó la Alianza de Transportadores Urbanos y Suburbanos.
La Alianza, de inmediato se hizo cargo de las rutas existentes. Fue entonces
cuando se empezaron a sustituir a los "tropicales" con autobuses.
Por primera vez, el transporte colectivo mazatleco se hizo en vehículos
cerrados. A pesar de que introdujeran periódicamente nuevos modelos,
los camiones eran de color gris y, por regla, las ventanas casi nunca
se podían cerrar. El mismo tono se conservó hasta los años
setenta. La policromía de las unidades del servicio urbano se generó
cuando aparecieron los minibuses, rojiblancos y crema con rojo, que suplieron
a los taxis colectivos de breve existencia, de los que por años
conservaron la denominación de "peseros", aunque el monto
de la tarifa fuera superior a un peso.
En el último cuarto del siglo XX las tradicionales
"arañas" sucumbieron ante el empuje de las pulmonías.
Sus aurigas se motorizaron. Desde entonces dan servicio en camionetas
rojas, acondicionadas, como queda dicho, en forma más o menos similar
a las que años atrás de conocieron como "tropicales".
En 1993 estrenamos el primer servicio de camiones con
aire acondicionado. No nos duró mucho el gusto, a la vuelta de
unos años perdieron el clima artificial. Lo que si conservaron
fue el apelativo con el cual todavía se les reconoce, "los
Colosios", producto de aquellos anuncios posteriores que invitaban
a votar por el candidato presidencial del PRI, asesinado en Tijuana.
Luego, en 2001 aparecieron unos camiones verdes para
cubrir las llamadas rutas turísticas. Todos con clima artificial
y, en un acto de lesa naturaleza, con amplios ventanales de cristal herméticamente
sellados. De entonces a la fecha, muchos de estos mismos vehículos
han devenido en "publimóviles"; pues revestidos totalmente
con diseños propagandísticos dan a ganar una lana extra
a sus dueños.
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Araña en Olas Altas

Sitio de Arañas y Taxis frente al Hotel Belmar

Sitio de carruajes frente a la Plazuela Machado

Tranvía de mulas

Tropicales en el Mercado
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