JULIO 2008

|
Los Beats en Mazatlán
Por Ernesto Hernández Norzagaray
Presidente de la Sociedad Histórica Mazatleca A.C.
Jack Kerouac, quizá acompañado de su fiel
amigo Neal Cassidy, viajó en los cincuenta hacia el noroeste del
país y escribió en ese entonces el relato ”México
Inocente” (Milenio), que luego rescataría del olvido el sociólogo
Jorge García Robles, en un libro que lleva ese titulo. En ésa
obra, Kerouac, da cuenta, en un lenguaje escrito en clave beat , que al
lector llano resulta un tanto complicado comprender, de sus andanzas por
estos rumbos del país. Nos muestra un mundo sombrío, con
un cierto aire místico, llevándonos de la mano por rutas
extrasensoriales, que no son de las un simple turista, que va en búsqueda
de sol, playa, alcohol y sexo.
No obstante, hay en ese texto poco conocido, hechos reveladores
que nos muestran por un lado nuestra violencia doméstica, como
la que puede vivirse en un pueblo de unos cuantos miles de habitantes
y de lo que el llama la "capital del opio". Habla de la cotidianidad
de esos pueblos de los años cincuenta del siglo XX, donde las pequeñas
grandes tragedias casi siempre eran resultado de una borrachera o, una
crisis amistosa y, donde esas economías de escala ya se vivían,
como lo narra también el desaparecido Manuel Lazcano en su obra
autobiográfica "Una vida en la vida sinaloense" (edición
de autor).
Sabemos que los beat eran unos personajes que habían
hecho de sus viajes por las carreteras estadounidenses -en, especial por
la mítica 66 que conecta el sur de California con la ciudad de
Nueva York - una suerte de escritorio ya que en ese largo trayecto se
escribían muchos poemas y crónicas, como "On the road",
del cual se siguen vendiendo en promedio cien mil ejemplares cada año
en diversos idiomas.
El otro viaje de estos escritores trashumantes era un
viaje hacia la esencia humana tal como nos lo han revelado sus propios
testimonios y los de sus biógrafos. Una búsqueda que partía
de despojarse de las cosas materiales, mediante ese ejercicio con lo más
elemental, lo imprescindible, para desde ese vacío de cosas terrenales
ir en busca de su propio yo. No es casual, entonces, que contrario a la
opinión de que eran unos "rebeldes sin causa" encontremos
en muchos de ellos una convencida adscripción al mundo budista,
al Zen.
Andanzas mexicanas
Muchos jóvenes estadounidenses de esa época vivían
entre el recuerdo de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki y la
paradoja de un mundo volcado al consumo. Cual simple instrumento raro
de expiación de culpas, muchos de ellos decidieron marcar distancia
con el estado de bienestar del "american way of life", eso les
llevó incluso a huir de su propio país.
En México, se refugian algunos de ellos, entre
los que se encuentran William Burrough y su esposa Joan. Jack Kerouac,
Neal Cassidy, Allen Gingsberg, Lucien Carr viajan hasta el DF. Burroughs
no sólo vive en la ciudad de México, sino por un suceso
insensato, producto de una borrachera de drogas y alcohol, acaba con la
vida de la bella Joan, cuando ella en medio de la juerga acepta el papel
de depositaría de un vaso sobre su cabeza y su marido dispara con
mala puntería.
Una vez más se cumplía esa máxima
de que las armas y el alcohol no son buenos compañeros. Menos aun
cuando hay falta de tino o, mejor dicho hay exceso de puntería:
la bala quedó como en una película de cowboys , entre ceja
y ceja, con sus cabellos rubios sangrantes. Burroughs fue a parar por
una buena temporada en las mazmorras del Palacio de Lecumberri y luego
de un proceso judicial, donde no faltó el abogado corrupto, viaja
a Tánger para reunirse con Bowles.
Mazatlán
Días, quizá semanas antes de este desagradable suceso, que
sacudió el mundo de estas letras -de este lado y el resto del mundo-,
Joan acompañada de Lucien Carr habían estado en Mazatlán.
Hay testimonios de su paso por el puerto gracias a las numerosas cartas
que Allen Ginsberg escribió. A estos dos amigos se les recuerda
en Mazatlán violando las leyes de tránsito. Viven en el
puerto unos días con la mayor de las libertades y, eso los hizo
disfrutar a plenitud, de ese Mazatlán de mediados de los años
cincuenta que todavía respiraba una mezcla de elitismo y ruralidad.
Ya entrados los años sesenta aparece Ken Kesey
por el puerto, quien había escrito un libro influenciado por sus
experiencias psicodélicas bajo el titulo “Alguien voló
sobre el nido del cuco”. Llega con algunos de los Alegres bromistas
(The Merry Pranksters) en el "further", un autobús pintado
con colores fluorescentes y con la impronta de muchos de los elementos
retóricos y visuales que después popularizó (y, a
juicio de Kesey, trivializó) el movimiento hippie.
Este escritor más tarde viene a Mazatlán
huyendo de la policía de su país, que probablemente no compartían
sus viajes en el "further". Lo cierto es que probablemente una
de esas tardes en que visitaba el Bar O'Obrian se le ocurrió la
idea de que podía huir de esa persecución simulando un accidente
fatal. La idea era arrojar un auto al mar -no el "further" que
hubiera sido una noticia de nivel mundial-, sino un Ford o un Chevrolet
de la época- con todo y documentos, quizá por ahí
del cerro del Vigía y dejar la carta póstuma que rezaba:
Océano, océano, al final te ganaré. Sus planes se
frustran y, un día cuando volvía subrepticiamente a su país,
fue aprehendido y pasó una temporada en el infierno, como diría
Rimbaud.
Turistas y viajeros
Ya para entonces el movimiento beat era una referencia en el mundo de
las letras underground, en 1956 se había publicado el poema Howl,
escrito por el poeta Allen Gingsberg y en 1957 “On the road por
Kerouac”, que se volvió un libro de culto e instrumento de
rebeldía de una generación que se resistía a aceptar
el detritus del "american way of life": Así empieza este
poema.
"He visto las mejores mentes de mi generación
destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de
hambre arrastrándose por las calles... "
Son los años en que se incuban los movimientos
contestatarios que habrían de estallar por el mundo en los años
sesenta. San Francisco, Paris, Berlín, México. Y que en
alguna forma están presentes en los actuales. Su impronta pacifista
y la lucha contra todo lo que signifique exterminio de vidas y naturaleza,
encuentra en ellos un punto de contacto. Cómo también esa
búsqueda incesante por lo desconocido.
Todavía en los años cincuenta llegó
a Mazatlán un poeta beat llamado Robert Creeley que terminó
enamorado del puerto y, escribió un poema llamado Mazatlán,
que dice a la letra en uno de sus fragmentos:
La mar, llana / la luz, lejana / cielo rojo, la hinchazón
de oscuras nubes /parecen más cercanas, trasponen la lateral lejana
del dilatado mar.
En suma, de aquellos días en que los Beats estuvieron
por Mazatlán han transcurrido cincuenta años y su obra hoy
se encuentra tan viva como cualquier clásico.
|

Ciudad de México en los años 50: de izquierda
a derecha de pie: Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Peter Orlovsky / agachados
de izquierda a derecha: Gregory Corso y posiblemente Julius Orlovsky


A la izquierda viendo hacia la cámara: Jack Kerouac
/ a la derecha con lentes y cigarro: Allen Ginsberg


Peter Orlovsky, William Burroughs, Alan Ansen, Paul
Bowles y Gregory Corso en el jardín de Villa Mouniera propiedad
de Burroughs en julio de 1961

|